Post creado por: Carlos Paterson (1 de Diciembre de 2015)
Nacido el 11 de septiembre de 1940 en Newark (Nueva Jersey) Brian de Palma, ya desde muy joven se interesó por las ciencias y la técnica. Mientras estudiaba la carrera de Física, descubrió su pasión por el cine, interesándose especialmente por Alfred Hitchcock y Roman Polanski. Estudió Arte dramático en el Sarah Lawrence College de Nueva York y dirigió varios cortometrajes.
A
mediados de los 60 rodó su primer largometraje “The wedding party” (1969), película con Robert de Niro. Con “Hermanas” (1973) se afianzó como
realizador de thrillers psicológicos al más fiel estilo de Hitchcock con un sentido
visual y atmosférico de sus películas (“La
ventana indiscreta”, “Vértigo”, “Psicosis”…). Alcanzó el éxito con “Carrie” (1976), inspirado en el
best-seller de Stephen King, un remake de “Scarface”
de Howard Hawks titulado “El precio del
poder” (1983), “Los intocables de
Elliot Ness” (1987), con música de Ennio Morricone, consiguiendo el triunfo
comercial al filmar con Tom Cruise la superproducción “Misión Imposible” (1996).
Brian
De Palma es de esos polifacéticos directores de cine capaces de monumentales
desatinos como “Dos tipos geniales” (1986)
o “Misión a Marte” (2000), al mismo
tiempo que obran en su haber producciones que alcanzan la maestría como “Atrapado por su pasado”, “Los intocables de “Elliot Ness” (1987) o “Scarface” o “El precio del poder” (1983). “Snake
Eyes” (1998) es de esas películas que se mueve por arenas movedizas en la
crítica, donde de Palma nos muestra lo bueno y lo no tan bueno de sí mismo.
Después de visualizar la
película, el presente trabajo he querido dedicarlo a su trepidante escena
inicial, donde Brian de palma se nos muestra en estado puro, el mejor
Brian de Palma. Los trece primeros minutos de esta película son un auténtico despilfarro
de imaginería cinéfila, un plano secuencia en la línea de Martin Scorsese en “Uno de los nuestros” (1990). Es además en
los primeros minutos de la película donde de Palma pone todas las cartas encima
de la mesa, ya que los noventa minutos posteriores no son sino un análisis por
parte del policía, interpretado por Nicolas Cage, de cada uno de los momentos
ofrecidos en la primera escena, en la que el Secretario de Defensa de los
Estados Unidos es asesinado de un tiro en el frenesí de un amañado combate de
boxeo. Una lástima que la película se mueva a partir de este momento en una
línea tan desigual, a base de giros a veces muy previsibles y con un
decepcionante final.
En
cualquier caso, hay que reconocerle a de Palma un virtuosismo poco habitual y
exquisito gusto a la hora de planificar este plano secuencia inicial, en el que el autor nos exhibe toda su
habilidad para crear imágenes impactantes y brillantes, jugar con la steadycam, el ralentí de cámara, el scope y el montaje para disimular algún
corte necesario en la secuencia. El virtuosismo visual de de Palma se manifiesta
en sus continuos movimientos de cámara y el empleo habitual del split screen o el slow motion, incidiendo también en la importancia del montaje.
En esta
primera escena vemos un ejemplo clarísimo de continuidad narrativa, en este caso de las manos del protagonista
Rick Santoro (Nicolas Cage). Una escena de ni más ni menos casi 13 minutos
ininterrumpidos de narración visual, todo un récord en la historia del cine. Una
narración que corre a cargo del personaje Santoro de una forma indirecta y
visual. De Palma y su director de fotografía Stephen H. Burum, eligen
minuciosamente cada plano y cada encuadre, de tal forma que por sí solos, vayan
describiendo con un realismo absoluto la cotidianeidad de los entresijos a los
previos de un combate de boxeo. De esta forma se mantiene la atención del
espectador fija en ese entorno más que en los diálogos, las conversaciones
“tipo” que van manteniendo los personajes quedan a un nivel más liviano, a
modo descriptivo importa más lo que sucede que lo que se dice, recurso éste
utilizadísimo por de Palma y Scorsese, por ejemplo en “Casino” (1995).
Otro de los recursos
utilizados por de Palma en esta escena es el split screen, o división
de la pantalla en varios escenarios diferentes (Imagen 1). En este caso utiliza
para ello los televisores del backstage
de la televisión en directo en el combate de boxeo. Así se logra un mayor
dinamismo y la posibilidad de describir en un solo encuadre o escena mucha más
información. Ejemplos como éste también los encontramos
por ejemplo en “Hulk” (2003) de Ang
Lee, al más puro estilo de los cómics de Marvel©.
Otro de
los recursos utilizados en esta escena es el steadycam, o
estabilizador de cámara. Consiste en un sistema de suspensión y brazo recto con
soporte para la cámara y un sistema de contrapesos. Se puede complementar con
un brazo isoelástico adosado a un chaleco o body (como se le conoce) para
aumentar el tiempo de utilización en tomas largas, ya que el peso se traslada
de los brazos del operador a las caderas del mismo. El sistema permite llevar
la cámara de cine o televisión atada al cuerpo del operador de cámara mediante
un arnés. Con lo cual compensa los movimientos del operador y muestra imágenes
similares al punto de vista subjetivo del personaje, consiguiendo por lo tanto
en este caso concreto, una mayor subjetividad y un mayor realismo y dinamismo
en la narración indirecta que hace de los hechos nuestro personaje Santoro, con
su marcha entre las bambalinas del inminente combate de boxeo.
Siempre
que se le presenta la ocasión, Brian de Palma explota al máximo el magistral
tratamiento de los ángulos de encuadre,
lo vemos claro en ejemplos como el de la Imagen 2. Recurso éste que mezclado
con la técnica del steadycam, aumenta
la sensación de dinamismo, y en este caso la inducción al vértigo.
Otro de
los recursos utilizados a lo largo de la película es el de slow motion, como por
ejemplo en el minuto (00:34:00) en el relato de los hechos por Tyler del
combate. Es un efecto visual que retrasa artificialmente una acción con el fin
de aumentar el impacto visual o emocional de la misma. La cámara lenta se
obtiene rodando una escena con un número de imágenes por segundo superior a la
velocidad de proyección. Al pasar el registro con un número de imágenes por
segundo normal, la escena da la impresión de desarrollarse más lentamente.
El dinamismo es una de las marcas de la
casa de Brian de Palma. El ritmo trepidante con el que se desenvuelve la
película nos deja entrever nuevas técnicas y soluciones visuales, como la
escena en la que nos da una visión aérea de las habitaciones de una planta del
hotel, o cuando nos muestra la miopía de Julia cuando mira sin gafas (Imagen 3).
Cabe citar también a partir del minuto 00:16:00 uno de tantos rácord en el eje o continuidad espacial,
donde Rick Santoro y Kevin Dunne conversan. Se respeta la regla de los 180
grados en lo que atañe al eje de miradas, el rácord de dirección y la clara
confrontación de plano y contra-plano.
Finalmente,
en cuanto a la banda sonora de Ryuichi
Sakamoto, tarda mucho en entrar en escena, concretamente no aparece hasta el
minuto (00:13:15). En principio no aporta nada nuevo, La música acompaña a la
película reforzando momentos de peligro, de acción, etc. a modo de leitmotiv wagneriano. Sin embargo según
se desarrolla la historia su presencia se hace más necesaria, tal y como lo
demuestran las escenas en las que Kevin Dunne persigue por el hotel a la mujer
de la película o, sobre todo aquéllas que transcurren durante los últimos
minutos de la cinta, cuando Santoro malherido huye de sus captores para avisar
a su protegida.
Pongamos
ahora tres ejemplos distintos en los que la música de la banda sonora cumple
diferentes cometidos:
- En
el minuto 1:19:40 la música, en un crescendo
cromático y ascendente acompaña el momento de fuerte tensión al que se ve
abocado Santoro al escupir a Kevin Dunne en la solapa.
- A
partir del minuto 1:20:50, reforzando el sentimiento de lástima hacia él.
- Y
a partir del minuto 1:22:30 tornándose la música más amenazante por la
persecución de sus captores. Y así sucesiva y alternativamente a lo largo
de toda la escena.

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